jueves, 24 de marzo de 2011

Macho Camacho

El macho Camacho se impone como analogía del Puerto Rico del siglo XXI. Sostenido por la añoranza de antiguas conquistas, de triunfos, celebraciones y contusiones cerebrales que solamente degenerarían en un hoy tan real como sabroso. La cotidianidad de un combate idealizado y la comunicación mediada por un dialecto ininteligible facilitan la subida al ring de cuanto varón hipertestosterinazado podamos encontrar.

La angustia que pueda generar la sospecha de que los tiempos mejores, en efecto, ya pasaron la matamos bailando; como se mata a cualquiera que baile con la que no debía bailar; y como se mata a la que bailó y a la no tiene que salir de la casa. Y como se mata a la que no salió de la casa porque se enamoró de quien se quería enamorar.

El país, que ahora escribe la pasión según el Macho Camacho, expone sus dotes de bichote en la primera plana. Y es que hay bichotes y hay bichotes: unos matan y los otros están vedados en los catálogos de Avon. Poco a poco, sin embargo, los unos y los otros se han convertido en el mismo fetiche, en el mismo culto, en la misma obsesión.

Al final, siempre queda la familia. A menos que la familia no sea una familia como el Macho Camacho piense que debe ser una familia. Entonces, quedan el viejo libro de las parábolas y las antenas parabólicas de Direct TV para ver en HD al Macho Camacho hacer el ridículo por PPV.

lunes, 28 de febrero de 2011

martes, 7 de diciembre de 2010

Atángana

Comenzaron por modificar el ring. El escenario había que cambiarlo un poco, hacerlo más interesante. Añadir algunas variables de incertidumbre pocas horas antes de la cartelera seguramente subiría los ratings. Los carteles lo anunciaban, los fanáticos deliramos. Máscara contra cabellera. ¿Qué puede ir mal? Ygrí Rivera viene luchando enmascarada desde que Acevedo Vilá le chocó la mano para que subiera a la lona botánica. Por el otro lado está la melena de René Vargas. ¿Acaso hay que decir algo de la melena de René Vargas?

Las compañías de pay-per-view reclamaban su exclusividad minuto a minuto, mientras que los altos directivos de la Capitol Sport Promotions organizaban el aniversario XXVIII desde la plazoleta de los vientos. Renunciaron al cliché de rodear el ring con alambre de púa.

Entonces, llego un infeliz, algún sabiondo, algún nerd y …

SPOILER ALERT

…afirmó que la lucha libre no es un deporte. Que los luchadores se limitan a ejercer unas muy elaboradas coreografías. Es algo así como la capoeira de los años ochenta. Algo así como las cosas que entienden los muy educados jóvenes universitarios que se espantan de ver la manera en que le llenan su universidad de “títeres de caserío”. Y es que no es cool que recluten a esa “gente” para que velen, porque ellos “no entienden”. No entienden que se les niega lo que otros, para sí, “defienden”.

martes, 16 de noviembre de 2010

Guaguas

Este país es como una guagua escolar. Y no tiene que ver con que el chofer no sepa quienes van montados en ella. Ni tiene que ver con que las maestras se sientan adelante y los títeres se sientan atrás. No tiene que ver con los sándwiches de mezcla, los welchitos calientes ni las meadas en los peajes. No tiene que ver con los pisos pegajosos ni con los estáticos asientos de vinilo reforzado con tape negro que hacen sudar hasta el muslo más tropical.

Este país es una guagua escolar y no tiene que ver con que se entra y sale por la misma puerta. No tiene que ver con que cuando el de adelante escupe le cae en la cara al de atrás. No tiene con que la salida de emergencia queda alta ni con las ventanas que no bajan ni con las ventanas que no suben ni con que tu viajes en uno de esos asientos.

Este país es una guagua escolar y no tiene que ver con las cien bocinas con reguetón ni con que ambas figuras sean largas y angostas.

Este país es una guagua escolar porque no importa lo que pase por el día, en la noche siempre terminas en el mismo sitio que por la mañana.

Este país es una guagua escolar y te recomiendo que mantengas las manos y la cabeza dentro del vehículo en todo momento.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mari Brás

Ningún hombre más grande que el hombre que se vence a sí mismo por cumplir con su deber: ningún hombre sublime, sino el hombre que ha doblegado tan eficazmente sus inclinaciones desordenadas, que jamás falta a sus deberes.
– Hostos

Hoy los estudiantes hemos vuelto a bajar la bandera de los Estados Unidos de la Torre de la Universidad. Hoy nos hemos reunido en acto subversivo para abrirle las puertas de nuestra Alma Mater a Don Pedro Albizu Campos. Hoy reivindicamos nuestra nacionalidad, nuestra Patria, hoy somos ciudadanos de la humanidad. Hoy es 1948 y hemos sido expulsados porque los salones de clases se hacen pequeños, y necesitamos espacio para construir un País mejor.

Hoy despedimos a Don Juan Mari Brás, pero nos quedamos con lo más puro de su pensamiento, con lo más osado de sus acciones, con todo su incondicional desprendimiento, con su verbo más oportuno, pero sobre todo, con su amor por una nación libre y justa.

Nos quedamos con un modelo de ciudadano, con un modelo de jurista, con un ejemplo inmortal de quien supo compaginar, según las necesidades de cada coyuntura, cada uno de los frentes de acción disponibles para reivindicar la dignidad de todo un pueblo, preservar los derechos más básicos de libertad y asociación y luchar por un porvenir que hermane solidaridad y esperanza.

Hoy, Don Juan Mari Brás es paradigma y nosotros y nosotras como estudiantes de Derecho tenemos que darle continuidad a su obra y asumir la total responsabilidad que los tiempos nos imponen.

domingo, 22 de agosto de 2010

El gato

Entre ella y la ventana -por la que ya sólo entraba un poco de luz blanca- estaba el fregadero. El grifo dejaba caer el agua que acariciaba el metal casi con la misma sutileza con la que ella pintaba de espuma la taza del café. Pausadamente, la dejó en el trastero y sin voltear dijo: quiero el divorcio. Cuando por fin miró atrás se encontró con la indiferencia de un gato, que acostado sobre la mesa, se lavaba la cara con la pata, cumpliendo un ritual muy de los felinos. Sin embargo, el gesto no era de indeferencia, sino que hacía mucho tiempo que el gato sabía que ya ella vivía sola.

sábado, 14 de agosto de 2010

Velorio

A los 24 años de edad Héctor O. Román tenía un testamento. Tal vez no era un testamento abierto, ni cerrado, ni ológrafo. Tal vez, a nadie le interese impugnar ese testamento y hasta puede que no tenga sucesión, ni bienes que legar. A Héctor O. Román posiblemente no le pasó por la cabeza nombrar un albacea, ni establecer un fideicomiso, ni dejarle una parte de su tercio de libre disposición a su iglesia.

Lo que sí tenía Héctor O. Román, de 24 años y residente de Carolina, era una última voluntad. Un último deseo que manifestó a su familia. Y su familia lo escuchó cuando lo dijo, porque ellos sabían, Héctor O. Román sabía, que la vida, su vida, no es una historia para contarla a largo plazo, pues, los capítulos de esa trama se construían de las contingencias de saldo y esquina. Esa vida, en toda su brevedad, se paseó con Héctor O. Román hasta el fin de semana pasado. Entonces, Héctor O. Román, se convirtió en una específica cifra, pasó a ser el asesinado número 16 del fin de semana, después de él no asesinaron a nadie, al menos, hasta el lunes.

Pero eso no es la historia. La historia tampoco es que lo velaran en una motora, como quien no quiere caminar por el túnel y prefiere llegar a luz a toda velocidad. La historia, los fragmentos de historia que no puedo soltar, que no aparecen en los periódicos, son aquellos en los que él le dice a su familia cómo quiere que lo velen.

Ese momento, ese instante, ¿en la mesa del comedor? ¿frente al televisor? ¿en un rito solemne con testigos idóneos? ¿con o sin notario? ¿en una fiesta? O fue, tal vez ¿un comentario de esos como quien no quiere la cosa? ¿con cuanta seriedad lo dijo? ¿con cuanta seriedad lo tomaron quienes lo escucharon? ¿de qué forma estamos viviendo, o mejor dicho, muriendo, que la gente de mi generación planifica sus propios velorios?